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lunes, 29 de marzo de 2021

U2 (1993)

 

Zooropa: La parodia distópica.

Por Gabriel Áyax Adán Axtle.







Año: 1993.
Disquera: Island Records.
Temas: 1) Zooropa. 2) Babyface. 3) Numb. 4) Lemon. 5) Stay (Faraway, So Close!). 6) Daddy's Gonna Pay foy Your Crashed Car. 7) Some Days Are Better than Others. 8) The First Time. 9) Dirty Day. 10) The Wanderer. 


La creatividad es el resultado de muchos factores, en los que sin duda influyen el trabajo, la sensibilidad y el ingenio para ofrecer resultados novedosos e inesperados. A esto se suman las circunstancias que estimulan al artista a través de experiencias que se asimilan en fuerza estética. Hay momentos en los que todos los causales se reúnen para desbordar el flujo de ideas, que sólo encuentran fin cuando los artistas suelen colocarse en el riel que los desliza mucho más lejos de lo que han pensado. Como resultado, componen trabajos admirables, aunque no necesariamente valorados. En este sentido, Zooropa es el disco más arriesgado de U2, y sin duda uno de los más ingeniosos y dinámicos. En éste se reunieron todos los factores para conformar una serie de composiciones con pocas referencias a sus trabajos anteriores. Hoy el tiempo le hace justicia a una placa poco comprendida en su tiempo.

Al inicio de los 90, la juventud yacía embelesada con la diversidad de estímulos que ofrecía MTV, bajo la falacia de ser un canal alternativo y subversivo. La realidad, contrariamente, apuntaba a una plataforma de entretenimiento y evasión que usaba el lenguaje desestabilizador contra cualquier fin que pretendiera criticar a la globalización creciente y voraz. Es decir, trivializaba toda intención de rebeldía y domesticaba cualquier manifestación transgresora desde sus propios recursos.

Por su parte, la banda irlandesa se hallaba de gira promocionando su disco Achtung Baby (1991). Aun cuando esta grabación aliaba el sonido sintético con los instrumentos electroacústicos, seguía predominando la huella que dio identidad a U2. Entonces decidieron hacer una pausa para lanzar un EP con algunos temas nuevos que ofrecieran a los seguidores material que complementara la experiencia de la gira. Pero el manatial creativo traía fuerza mayor que alcanzaba para la conformación de un trabajo más ambicioso. 

U2 estaba en la cúspide de su carrera después de haber publicado dos discos excepcionales, Por otro lado, en sus conciertos ofrecían al público una representación paródica de la vorágine llamada modernidad, por medio de la sobresaturación de estímulos audiovisuales. El ritmo de trabajo al que se sometía el grupo era demandante, y al mismo tiempo estimulante. Así que cuando el grupo entró a los estudios para realizar el EP, fue presionado por Bono para transformar el material en un álbum. 

Recuperaron canciones descartadas de sesiones anteriores y les dieron un giro más acorde al espíritu mismo de los conciertos, presentaciones multitudinarias en las que la tecnología era andamio para ofrecer una saturación de estímulos, emulando el frenesí de las grandes urbes y su constante oferta audiovisual compuesta de propaganda, publicidad, entretenimiento y seducción sin límite. 

Si bien el punto de unión se encontraba entre "Zoo Station" del disco anterior y "Zooropa", las composiciones en general se alejaron del espíritu de Achtung Baby, para adoptar un sonido más electrónico y ecléctico. El grupo estaba experimentado la locura de su éxito y su proyecto se estaba transformando en un espejo del costo que traía estar en la mira del mundo. Los videos del grupo eran programados con regularidad en MTV y sus sencillos acapraban la radio internacional. Así, U2 optó por ofrecer un disco que parodia ese espectáculo multitudinario, su propia experiencia desde el ojo de un huracán: su papel como objetos del entretenimiento. 

Como la gira continuaba en curso, la dinámica para terminar el disco fue demandante. El grupo iba de los escenarios a los estudios, y de regreso al espectáculo. Tal dinámica va a quedar retratada en Zooropa: el frenesí de la vida moderna, en la que el individuo se sacrifica en pos del trabajo, fue la regla para dar a luz este disco.

En consecuencia, Zooropa se conformó de diez composiciones en las que se emula el bombardeo mercantil del entretenimiento en pleno desarrollo del internet público. Para lograrlo, la agrupación recurre al sampleo de transmiciones televisivas y radiales, al uso de de sintetizadores y loops como bases músicales. Así, las bases electrónicas evocan el desarrollo teconológico y vertiginoso de la época. El trabajo sintético le debe mucho a la intervención de Brian Eno, quien construye ambientes y texturas que logran maridar a la perfección en cada una de las piezas. El pop predomina como una parodia, en la que se presiente el espíritu del rock.

La cortina sonora es el fondo para un trabajo lírico en el que el tema de la seducción se contrapuntea con la angustia de versos como "And I feel / like  I'm holding onto nothing" o "You say when he hits you, you don´t mind / because when he hurts you, you feel alive". 

Así, Zooropa es la banda sonora de un mundo distópico, en el que todo placer es al mismo tiempo la cadena que subyuga al individuo. Como buen ejemplo está el primer sencillo desprendido del disco "Numb", en el que The Edge más que cantar ennumera indiferente una serie infinita de restricciones que se intercalan con el verso "I feel numb. / Too much is not enought". Para cerrar con broche de oro, el disco concluye con "The Wanderer", en la que Johnny Cash ofrece una interpretación en la que angustia y desasosiego parecen encontrar calma, mas al final obsequia los versos lapidarios:  "Yeah, I left with nothing / nothing but the thought of you / I went wandering". 

Cuando el trabajo se publicó, recibió señalamientos injustificados por parte de sus seguidores, muy a pesar de la buena recepción generalizada en la crítica. Quienes seguían la carrera de U2 desde el temprano Boy (1980), veían en el disco un trabajo artificioso que no correspondía con el sonido orgánico de toda la discografía que le precedía. Si bien, algunos escuchas se alejaron de las filas del grupo, es cierto que otros se sumaron .

A la distancia, es claro que Zooropa ha sobrevivido a las pruebas del tiempo. Cada vez son más los que redescubren este disco que lejos de caducar, reafirma su crítica de una sociedad cada vez emocionalmente más disfuncional y desesperada, cuando paradógicamente ha perfeccionado sus herramientas tecnológicas. Ecléctico y diverso, el disco es una parodia que hoy más que nunca duele y hace evidente su vigencia. 










martes, 23 de febrero de 2021

Sonic Youth (1997).

 

SYR 1: Anagrama: La deconstrucción del lenguaje musical.

Por Gabriel Áyax Adán Axtle.






Año: 1997.
Disquera: SYR.
Temas: 1) Anagrama. 2) Improvisation Ajoutée. 3) Tremens. 4) Mieux: De Corrosion. 


El término deconstrucción parte de la relación que existe entre la forma y aquello que se expresa desde la obra. Así el discurso se deshace para ser reconstruido nuevamente, y de esa manera, presenciar la esencia desde la estructura. En este sentido, el caso de Sonic Youth es bastante particular. Su música ha polarizado progresivamente las propuestas populares del punk, al punto de transformar al género en otra cosa, partiendo de una poética en la que se extrae el elemento clave: el ruido. Es desde ahí que la banda lleva al rock a abstracciones semejantes a las que llegó la música académica a través de las vanguardias. 

Desde que el grupo se formó, se mantuvo al margen de las complacencias populares. Incluso cuando firmó con la compañía transnacional Geffen Records en 1990, continuó con su propuesta en la que prevalece el uso del feedback, las guitarras con afinaciones abiertas y las interpretaciones directas y crudas. Sin embargo, la exploración sonora se fue dando a través de su carrera. Geffen les había ofrecido un contrato con libertad creativa. La banda era la única autorizada a decidir el contenido de sus discos. Esto les permitió ahondar en la exploración sonora y llevar a diversos límites su prouesta. Sonic Youth representó la oferta musical más radical de la disquera.

Por eso llama la atención que el grupo considerara necesario formar su propio sello: SYR. Poco se ha escrito sobre el proyecto que emprendieron los integrantes. Es precisamente desde esta empresa que lanzaron sus trabajos más radicales, lo que es mucho decir siendo una banda de vanguardia. En total publicaron nueve placas, todas bajo el título SYR. 

Ahora bien, resulta llamativo que ninguna de estas grabaciones fueran consideradas como parte de la discografía, pues ni se trata de álbumes recopilatorios, ni de EPs en el estricto sentido (entre los que tampoco son enlistados muchas veces). Son caso aparte, pues desde esta vertiente no hay concesión. Si en los trabajos realizados en otros sellos, habían buscado explorar las posibilidades del punk y el rock de garage, ahora pretendían llevar su sonido a terrenos radicales. 

Con SYR 1: Anagrama, el grupo inició la publicación de estos trabajos que parecen existir desde la alternidad. Por sus breves veintidós minutos de duración, fue visto inmediatamente como un EP. Lo cierto es que ni se presentó como una extensión del álbum Washing Machine (1995), ni como un avance de A Thousand Leaves (1998). En estricto sentido, se trata de una grabación independiente con su propia lógica interna, conformada de cuatro piezas instrumentales que guardan relación estilística e independencia.

Probablemente sea la entrega más equilibrada a pesar de no contar con los coqueteos de las melodías del pop, ni con los ritmos pegajosos del rock. El grupo ofrece composiciones crudas que tienen su génesis en las raíces del punk. Lo paradógico es que desde esa trinchera, va bordeando las ambiciones que la música académica persiguió desde la atonalidad como recurso de abstracción. No será gratuito que su cuarta entrega SYR 4: Goodbye 20th Century incluya covers de composiciones de John Cage, Steve Reich y Yoko Ono. Si bien, en Anagrama no están aún esas referencias de forma abierta, es claro que la finalidad es llevar a la música a un proceso de deconstrucción progresiva, hasta reinventar un lenguaje que sorprende por sus alcances evocativos, en los que el decir se haya en la forma misma.

Así, la primera pieza que da título al disco, discurre en un tema medianamente melódico, que no deja de sonar atípico por el sello distintivo de la guitarra de Lee Renaldo. Durante la improvisación, irá dando paso a la disonancia. Semejante a ésta, se halla "Improvisation Ajouteé". Las otras dos composiciones alcanzan un alto grado de abstracción que recuerdan a obras de música concreteta de la autoría de Yannis Xénakis o John Cage. 

La placa exige del escucha la misma disposición de quien se acerca a los compositores más radicales del campo académico. El lenguaje renace desde la violencia primitiva. Las cuatro piezas son parte de un rito que anuncia una sensibilidad distinta sin facilismos. En tanto se establezca el pacto de aceptar la nueva perspectiva sonora, la catarsis se manifestará.





viernes, 12 de febrero de 2021

Lou Reed (1975).

 

Metal Machine Music: Ventana al infinito.

Por Gabriel Áyax Adán Axtle.







Año: 1975.
Disquera: RCA Records.
Temas: 1) Metal Machine Music A-1. 2) Metal Machine Music A-2. 3) Metal Machine Music A-3. 4) Metal Machine Music A-4. 


Siempre que se habla de esta placa, se pinta una línea divisoria entre dos posturas radicales, de tal forma que polariza a quienes exaltan el genio de quien está detrás de la obra, y a quienes desacreditan el ejercicio compositivo de Lou Reed como basura. Ante esta encrucijada que parece no ofrecer más de lo ya dicho, vale la pena intentar aplicar aquella erótica del arte que plantea Susan Sontag en su ensayo "Contra la interpretación", y que suele ofrecer luz ante los trabajos que herederos de las vanguardias se empeñan en lanzar al público para poner en tela de juicio las tradiciones. 

Es claro que no podemos desaprender lo que el pensamiento occidental nos ha dicho que es la belleza musical: armonía, ritmo, polifonía, contrapunto. Y sin embargo, es posible imaginar que no hay una preconcepción de lo que debiera ser, fingir por un momento que se está frente a la obra para descubrir lo que no se conoce. Ante lo nuevo, el niño toca, prueba, manipula cuantas veces sea necesario para apreciar su hallazgo. Así, esta érotica propuesta por la ensayista, consiste en limitarse a descubrir formas, mecanismos y efectos que hacen a la obra. Entonces no la domesticamos, no la reducimos, sino que la apreciamos en una dimensión más justa de lo que verdaderamente es.

¿Qué ofrece Metal Machine Music? Una única composición dividida en cuatro partes correspondientes a los dos vinilos con sus respectivos lados A/B. Lou Reed limitó su obra al instrumento funfamental del rock, por lo que se hizo de dos guitarras, amplificadores y una grabadora de cuatro canales. Registró la retroalimentación generada al aproximar las guitarras electrícas a los bafles. De esta forma compuso una pieza electrónica sin el uso de sintetizadores. Una vez terminadas las grabaciones, las mezcló por distintos canales a diferentes velocidades de forma continua. No hay ritmos, melodías o armonías. La norma se conforma de la disonancia, el caos y el ruido. 

Pasado el primer minuto, el escucha tiene claro que eso es lo que va a sonar en las cuatro caras del disco. Como recurso final, el último lado termina la espiral en un círculo cerrado que repite los últimos segundos al infinito, hasta que el escucha decida poner fin a la obra sin fin.

Fuera cual fuera la causa que empujó a Lou Reed a la composición de un disco que pisoteaba las expectativas del escucha, devolvió al género su esencia y para hacerlo llevó al límite sus estándares hasta el abismo que era inacapaz de soportar cualquiera. Si el rock porta la bandera de la transgresión, en Metal Machine Music la yergue más alto que cualquiera otra obra nacida en esos parajes. Aquí se encuentran todos los recursos emblemáticos del género. Violencia, ruido, anarquía, y liberación habitan ese universo al mismo tiempo; y por tanto, cohabitan todas las composiciones existentes y por haber. 

Me permito una disgresión. Jorge Luis Borges, obsesionado con el infinito, imaginó una biblioteca en la que descansan todos los libros escritos y posibles; y soñó un libro que contuviera la totalidad de obras en un mismo instante. Si hubiera sabido de Lou Reed, hubiera conocido la pieza que contenía todas las obras del rock sonando, esa que sólo un dios sería capaz de escuchar para discernir las unidades presentes en el absoluto. 

Sin duda Metal Machine Music es un disco insoportable. No por nada un alto porcentaje de personas lo devolvió o lo lanzó a la basura. ¿Qué se creía Lou Reed? ¿Ésta era una propuesta artistica o  evidencia del engaño descarado? No responderé a eso, pero no puedo negar la fascinación que me despierta saber que alguien grabó un disco interminable en el que se asoma la totalidad, en una época en la que el rock podía engendrarlo todo desde sus entrañas. 

¿Alguien amara este trabajo? Parece imposible, pero quién es capaz de tolerar el todo en un tiempo infinito.





martes, 9 de febrero de 2021

Scott Walker (1995)

 

Tilt: El universo musical de Scott Walker.

Por Gabriel Áyax Adán Axtle.







Año: 1995.
Disquera: Fontana.
Temas: 1) Farmer in the City. 2) The Cockfighter. 3) Bouncer See Bouncer. 4) Manhattan. 5) Face on Breast. 6) Bolivia '95. 7) Patriot. 8) Tilt. 9) Rosary.


En todo momento, Scott Walker prefirió la alternidad. Aun cuando emergió del grupo juvenil The Walker Brothers, su papel en éste se halló en la composición de los lados b que acompañaban a sus sencillos. Fue desde ahí que se dio a notar. Sus piezas, sobresalían por la fuerza poética de su lírica y su recurrente obsesión por temas como el dolor y la muerte. Cuando en la agrupación, sus intereses distaron de ser comunes, el artista comenzó su carrera solista. Sus cuatro primeros discos dan cuenta de un desarrollo paulatino como intérprete, compositor y arreglista. En cada trabajo, alcanzaba un estilo más sofisticado y al mismo tiempo, se alejaba de la imagen juvenil con la que el público lo relacionaba. Por un lado, estaba interesado en continuar la exploración compositiva; por otro, alejarse de los reflectores. El protagonismo debía focalizarse en la música misma. En respuesta, los seguidores fueron dejando solo al artista, y recibieron con frialdad la aparición de la mejor de esas placas, Scott 4 (1969). La disquera aceptó grabar otros trabajos más, con la condición de que no incluyeran composiciones propias. Cinco álbumes mediocres parecían confirmar el fin del artista. 

Como si no quedara más que mirar hacia las viejas glorias, se reencontró con los compañeros con quienes ingresó al ámbito musical. El trío The Walker Brothers tuvo una recepción tibia. Cuando estaban por dar fin al proyecto, todavía debían cumplir el contrato con la disquera con un último trabajo. Sin nada qué perder, Scott Walker invitó a sus compañeros a ser autocomplacientes. De esas sesiones surgió Nite Flights (1978), poderoso, emocionante y vanguardista. Entre las mejores piezas se hallaban las cuatro composiciones de Walker: “Shutout”, “Fat Mama Kick”, “Nite Flights”, pero sobretodo la inquietante “The Electrician”. En 1984 aparecería Climate of Hunter, un disco que se alejaba de los arreglos preciosistas de antaño, y optaba por el sonido de un rock oscuro y extraño. Se trataba de otro trabajo de alto calibre poco comprendido.

Después nadie supo de Scott Walker. El músico se mantuvo al margen de los medios durante once años de ostracismo creativo. Ante la indiferencia del público, el músico optó por desaparecer.

Entonces, de la nada, apareció Tilt, primera entrega de una trilogía sin comparación. El tiempo había devuelto a un Scott Walker sombrío. El público recibió un trabajo siniestro que poco recordaba a los primeros cuatro discos solistas. Los intereses temáticos seguían siendo los mismos que trataba en “The Seventh Seal”, “Funeral Tango” o “My Death”. Sin embargo, las canciones anteriores se componían de una lírica poética, poblada de imágenes evocativas y amables para el escucha, revestida de arreglos orquestales que agregaban cierto glamour y sofisticación. Esto le dio a Walker un público que prefería las aguas de un pop propositivo, aunque no radical; y por tanto, poco fiel ante las exploraciones creativas que el artista mostraba.

Tilt dejó helado al escucha, lo lanzó a un abismo. El público de antaño esperó reencontrar un pasado amable. Ante la crudeza de piezas como "The Cockfighter" o "Bouncer See Bouncer" huyó para siempre. En cambio, el disco fue recibido por una sensibilidad nueva, una juventud herida por el descreimiento y el sinsentido de una sociedad más vertiginosa. Jamás habían sabido de Scott Walker, y ahora lo descubrían cercano a sus propias angustias.

Musicalmente, recupera algunos procesos compositivos de trabajos anteriores. Basta recordar "It´s Raining Today" de Scott 3. Se trataba una balada acompañada de unas cuerdas disonantes, que acariciaban con tibieza una canción contemplativa y nostálgica.  Así, vuelve a los arreglos orquestales, pero opta por abrevar de las propuestas atonales de Gyorgy Ligeti, y revestirlo con elementos electrónicos e industriales. Si anteriormente esta disrrupción musical era sugerida y tímida, ahora se manifestada con toda su presencia. La combinación resultó inquietante y con fuerza evocactiva, y conformó los elementos vitales de un universo sonoro que no existe más que en el mundo de Scott Walker. 

Vocalmente, el artista aprovecha las posibilidades de sus tesituras oscuras como barítono, y lleva al límite su papel interpretativo. Si anteriormente acariciaba al oído, ahora prefiere susurrar desde las profundides, gritar la angustia, trastocar los sentidos. Las nueve piezas no dan tregua. Una a una evocan el dolor más allá de una lírica críptica y desconcertante, y se hunden en composiciones más claustrofóbicas.

A Tilt, le siguieron tres trabajos igual o más radicales que éste, pero que partieron de las mismas premisas: The Drift (2006), Bish Bosch (2012), y Souced (2014). Cada uno fue extiendiendo los límites, ahondando en el abismo. 

Nadie más ha vivido la transfiguración como este músico. Su vuelta al arte lo devolvió a la estratósfera, y lo consagró, ya no como ídolo, sino como el artista vanguardista que fue. El 24 de marzo de 2019 Scott Walker se fue para siempre, pero dejó un legado que no es popular, pero sí de alto vuelo. Sino no ha sido descubierto aún, hay que dirigir la mirada a Tilt, y lanzarse a su universo.









domingo, 13 de septiembre de 2020

Radiohead (2000).

 

Kid A: ¿El mejor disco?


De Gabriel Áyax Adán Axtle











Año: 2000
Disquera: EMI
Temas: 1) Everything in it's Right Place. 2) Kid A. 3) The National Anthem. 4) How to Dissapear Completely. 5) Treefingers. 6) Optimistic. 7) In Limbo. 8) Idioteque 9) Morning Bell. 10) Motion Picture Soundtrack.

Una guitarra atronadora abre con fuerza el álbum que para muchos representa el epítome de Radiohead, OK Computer (1997). A partir de ahí, sigue una combinación que equilibra melodías pop aderezadas con disonancias y una voz desgarradora que a veces llora y otras grita la desesperación. 

Inmediatamente, el disco lanzó a la estratósfera a una agrupación que aún no lograba confirmarse, a pesar de que su trabajo anterior The Bends (1995), había superado por mucho al incipiente debut de un solo éxito Pablo Honey (1993). No hay duda que OK Computer representó para la banda el punto de quiebre de ser meramente conocida a consagrarse entre las pocas. A pesar de esto, resulta un trabajo un tanto obvio y predecible.  Es una grabación bastante redonda que de principio a fin usa los recursos que colocan ante la audiencia un espejo que les confirma la desesperación y el hartazgo. Basta escuchar a un Thom Yorke que ha soltado el freno para escupir “Esperamos que te asfixies / que te asfixies”, sobre una cortina de voces sintéticas que se esfuman en un último suspiro. El pop y el rock se maridan para formar el éxito de las duplas decepción y enojo, melodía y ruido. Así, este tercer disco representó la culminación de la estética grunge en la que nació la banda, y llevó al límite los recursos que ya estaban en aquel lacrimoso “Creep” hacía cuatro años atrás.

Sin embargo, no es sino con Kid A que Radiohead alcanza la cúspide creativa. En esta placa, la estética de la agrupación apuesta por lanzarse al vacío con un trabajo que no renuncia a evocar una sociedad alienada, pero que opta por recursos inesperados y tanto más eficaces que los llantos desagarrados y lastimosas guitarras danzando en melodías pegajosas. El disco que abre los años 2000, está lejos de querer repetir el éxito del 97, y lo hace con un trabajo definitivo, con el que se inaugura un estilo nuevo, más inteligente y menos obvio.

Por un lado, el cuarteto que lidera Thom Yorke, se rinde a las cajas rítmicas y los sintetizadores. Si bien las guitarras están ahí, pasan a un tercer plano. El trabajo percusivo va a decantarse en ritmos complejos, que parecen dispuestos a romper con los facilismos del pop. La paleta sonora de los instrumentos electrónicos hurga en timbres extraños que parecen cortar mientras desfilan mecánicos y estrambóticos. El paisaje se muestra gélido como aquellas montañas antinaturales que ilustran la portada. Ni siquiera aquel canto de cuna que da título al álbum presenta una caricia discreta y cálida. En todo este tejido, la voz de Tom York emerge igualmente lejana, indiferente, a veces esquizofrénica. Radiohead ha quitado todo sostén complaciente para el escucha. Hasta la orquesta que comúnmente endulza y evoca un sonido orgánico, aparece en “How To Dissapear Completely” como un elemento alienado, disonante (¿acaso un recurso tomado del Scott Walker de “It’s  Raining Today” o “The Electrician”?) El sonido de Kid A es intrincado, laberíntico, sofocante. Tómense como ejemplo los metales jazzeados que en “The National Anthem” desquician al escucha.

Por otra parte, se haya un trabajo lírico que ha optado por la economía del lenguaje. Si en Ok Computer había un hilo narrativo más o menos claro. En esta cuarta placa hay una voz poética que opta por evocar sensaciones a través de versos sorpresivos y oníricos. “Hay dos colores en mi cabeza. / ¿Qué es lo que intento decir?”, reza en la apertura. La desarticulación letrística opera de forma muy distinta al canto que relata y describe abiertamente las emociones. Al escucha se le niega la posibilidad de dar orden al caos: “Luces estroboscópicas y altavoces reventados / fuegos artificiales y huracanes. / No estoy aquí”. De esta forma, las palabras construyen imágenes llenas de espacios indeterminados.

No es sino en el epílogo que representa “Motion Picture Soundtrack” donde parece articularse una idea con mayor congruencia, y que no hace sino volver a desarmar al escucha en esa especie de confesión suicida.

Así, estos recursos, desfilan y marcan un renacimiento de Radiohead. A pesar de la importancia que significó Ok Computer en la carrera de la banda, no deja de ser un trabajo un tanto predecible y obvio. Quizá el tiempo deje ver que es un disco valioso, aunque sobrevalorado. En un sentido meramente estético, Kid A presenta los mismos temas que yacen en la discografía íntegra del grupo, pero sin la parafernalia esperada. Si en el primero prevalece el dramatismo, en el segundo ronda la ironía, la mordacidad. En la forma está el fondo, y logra más que meramente emocionar y entumecer, disloca e incomoda al receptor. Aquí suenan los integrantes con mayor madurez y dominio de sus instrumentos. La precisión de su ejecución adquiere la misma puntería que hace que a este disco se le admire u odie. Jamás deja al escucha en medias tintas: la herida que abre es letal o fortalece. Hay que escucharlo para probarlo.






domingo, 22 de marzo de 2020

Björk (2004).

Medulla: De la innovación a la tradición.


De Gabriel Áyax Adán Axtle





Año: 2004
Disquera: One Little Indian
Temas: 1) Pleasure Is All Mine. 2) Show Me Forgiveness. 3) Where Is The Line. 4) Vökuró. 5) Öll Birtan. 6) Who Is It. 7) Submarine. 8) Desired Constellation. 9) Oceania. 10) Sonnets / Usrealities XI. 11) Ancertors. 12) Mouths Cradle. 13) Miövikudags. 14) Triumph Of Heart.

La actividad de los compositores, a pesar de los tantos caminos explorados, sigue planteando múltiples senderos y desviaciones. A pesar de eso, pocos optan por dirigir los pasos hacia empedrados siempre distintos. Para lograr trabajos admirables, el artista requiere embarcarse en un diálogo que va de la tradición a las innovaciones personales. De nada vale reiterar el canon sin siquiera pensar en un salto al riesgo. Lo mismo sucede cuando se persigue la ruptura de aquello a lo que no se voltea a reconocer como fundamento. Cuando se escucha Medulla, de Björk  se descubre que el equilibrio entre las bases y los horizontes del porvenir dan resultados estimulantes, obras a las que se debe visitar al menos una vez en la vida.

Por eso, resulta productivo participar en un diálogo sobre la composición musical contemporánea. Los arreglos con los que se viste una canción, dice Diego Fischerman,  están lejos de ser un acompañamiento. Son la canción misma. Es decir, la pieza existe desde su forma, y si renunciara a su esencia en la omisión o modificación de ésta, se transformaría en otra cosa. Es decir. El arreglo es la pieza. La selección de timbres particulares, el uso de una instrumentación específica dan el resultado en su totalidad.

Hasta la fecha, Björk sigue siendo una artista propositiva dispuesta a tomar grandes riesgos. Sus aventuras se traducen en discos que cumplen con los parámetros de composición explicados arriba. Cada canción adquiere su valía e independencia desde la forma misma en que se viste. No se trata de piezas escritas de la forma más tradicional a las que luego se les coloca un concepto. Es desde el concepto que se componen, y por tanto en su integridad, alcanzan su fuerza. Para lograrlo, la artista hace uso de recursos novedosos en la electrónica, que luego son potenciados por las posibilidades tecnológicas que el estudio de grabación ofrece. De ahí se deriva un sonido que lleva hasta sus últimas consecuencias los elementos sintéticos.

Pero no basta decir que los logros de sus trabajos dependen tan solo de echar mano de la tecnología. Para la compositora islandesa es importante hermanar la electrónica con piezas que recuperan el formato de la canción pop, y que viven un proceso de producción en el que la simpleza del género es sustituida por contrapuntos, ritmos atípicos, fraseos inesperados, timbres novedosos e inquietantes. Así, el escucha se encuentra frente a obras que desconciertan, al mismo tiempo que seducen.

En la discografía de Björk generalmente hay innovación, desde el álbum Debut (1993), hasta Utopía (2017). Sin embargo, Medulla destaca por su particularidad y los riesgos que implica. La compositora busca maridar la tradición con la modernidad. Pero tal vínculo, tratándose de Björk, no se puede limitar a la temática de la parte lírica, sino que debe transformarse en el sonido distintivo del álbum.

Desde el título se anuncia la construcción de la obra desde los sonidos básicos de la música, aquellos que el cuerpo humano puede emitir desde los orígenes del hombre. Voces, chasquidos, trompetillas, palmadas son recursos que, procesados por vías electrónicas, se transforman en samplers, y loops, fundamentales en el disco entero. La digitalización de los sonidos generados por el cuerpo extiende las posibilidades sonoras y expresivas, que van más allá del canto mismo. Como resultado, la música existe en la concepción del cuerpo como instrumento central. Por medio de éste se frasea, acompaña y protagoniza Medulla. La instrumentación tradicional pasa a un segundo plano, y por tanto sólo enfatiza, fondea, sin jamás robar protagonismo a lo central.

Los elementos que sonorizan el disco ofrecen una relación íntima con el escucha, pues apelan a su misma naturaleza. Así piezas como Vökuró”, Submarine y Desired  Costellation logran la emotividad necesaria para seducir al escucha, sin recurrir a facilismos bombásticos, ni orquestaciones innecesarias. 

Otros momentos, encuentran en las voces un espíritu más tribal que parece recordar tiempos añorados e idilios. Tanto coros como percusiones corporales enfatizan el tema de la tradición frente a la modernidad anunciado ya en el título del disco. Muestras ejemplares Oceania, Ancestors y Mouths Cradle.

Con un trabajo como Medulla se hace palpable que los procesos de composición han tomado los alcances del siglo anterior para revaluarlos. Aun en la música popular, se persigue lo que en su momento las vanguardias intentaron: darle valía a la pieza misma por lo que es en sí. Para lograrlo se exploran técnicas, no solo de grabación, sino de composición novedosas. A lo largo de la historia musical se han visto extremos que, en el afán de alcanzar la independencia del arte frente a sus evocaciones, han anulado su propia esencia al transformarse en fondo, ornamento, silencio. Björk logra equilibrar los riesgos con los patrones del canon popular, y así hacer obras sorpresivas, estimulantes, que al mismo tiempo dejan barandas que le permitan al escucha explorar las composiciones sin perderse en el laberinto. El viaje que Medulla plantea es un riesgo, que inspira a continuar mirando atrás y al porvenir, con la seguridad que en esa ambivalencia se encontrará un arte siempre representativo no de una época, sino de la existencia humana.




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