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martes, 21 de julio de 2020

Wim Mertens (1984).

Maximizing the Audience: Música sin etiquetas.

Por Gabriel Áyax Adán Axtle


A Rodolfo Mata, maestro, alquimista y poeta.





Año: 1984
Disquera: Usura
Temas: 1) Circles. 2) Lir. 3) Maximizing the Audience. 4) The Fosse. 5) Whisper Me. 



El ser humano vive obsesionado con definir, catalogar y generalizar porque es a partir de establecer etiquetas de género y especie que afronta el mundo que en principio le resulta abrumador e inasible. Aquello que transita entre líneas sin contornos, se transfiere como presencia inquietante. Es por esto que los sistemas del mundo contemporáneo se aferran a construir estabilidad a través de las modas y estilos de épocas. Aun cuando éstas aparentan cambiar aceleradamente, confirman los mismos patrones: armonía y repetición que han de fortalecer los paradigmas que ofrecen tranquilidad social. De tal manera que, por ejemplo, cuando la moda del vestido ofrece productos de aparente transgresión, éstos no dejan de confirmar y reafirmar la feminidad o masculinidad, la juventud o la madurez del comprador.

Ante esta normalización de la cultura actual, el artista que opta por quedarse al margen de las etiquetas, es portador de las voces del destierro. Emile Cioran, por ejemplo, ha debatido los temas de la filosofía desde el aparente arrebato romántico. Ha sido suficiente para ser negado entre los filósofos, y mantener cerradas las puertas de la literatura. Semejante suerte corre Joseph Cornell, artista plástico que dista de los artilugios de la escultura propiamente dicha y de la pintura.

Es en esas mismas ambigüedades que transita el compositor e intérprete Wim Mertens, quien desde todo ángulo está lejos de encajar en los moldes: su nacionalidad belga dista de estar vinculada con los círculos de la música internacional, tanto académica como popular; su timbre vocal masculino, inesperadamente está en el registro del contratenor; su obra formada de un número abrumador de composiciones, ha sido hecha para filmografía diversa, ensambles atípicos y hasta mesas de juegos de pinball; su estilo compositivo, aun cuando toma elementos del mundo académico, lo mismo coquetea sin disimulo con los géneros populares o las manifestaciones de vanguardia.

Irónicamente, estas peculiaridades que lo expulsan de los territorios bien demarcados, son las mismas que lo hacen un artista atractivo para los melómanos más aventurados. Sin embargo, adentrarse a su música es una tarea peligrosa ante la amplia obra formada por más de sesenta grabaciones, y no necesariamente del mismo nivel, a lo largo de cuarenta años de carrera.

En este sentido Maximizing the Audience resulta un trabajo adecuado para quien desea adentrarse al mundo sonoro de Mertens. Este álbum doble logra mostrar los diversos estilos que el compositor ha explorado, en sólo cinco piezas. La apertura se da con “Circles”, que probablemente sea la composición que exija más disposición de escucha en todo el disco. Un pequeño ensamble de vientos interpreta una partitura en la que clarinetes y saxofones, uno a uno, toman el protagonismo en una pieza cíclica. En “Lir”, Mertens ofrece una pieza para piano con el estilo que lo definirá, melancólico y reflexivo. En “Maximizing the Audience” y “The Fosse”, toma el protagonismo la interpretación vocal de Mertens, con coloraturas que, aunque discretas, despiertan sorpresa en el escucha, pues ante todo, la voz aparece como elemento instrumental. Cada sílaba enunciada pretende evocar una experiencia en la que el significado sede el paso a la manifestación meramente musical. En el segundo disco, los elementos que fueron escuchándose de forma aislada en la primera parte, se integran en dos piezas que pisan el terreno de la academia y la música popular al mismo tiempo.

El escucha está frente a un trabajo seductor que le ofrece una experiencia peculiar. ¿Minimalista? ¿Clásico? Imposible definirlo. Es ahí donde yacen los elementos desestabilizadores de la música de Mertens. La mayoría de las veces hay una ternura que se manifiesta ante lo indefinido, un ambiente bucólico que no pertenece más que a la realidad musical de este compositor.

Si Maximizing the Audience logra seducir a los escuchas primerizos, ahí quedan otras tantas grabaciones que confirmarán la magia y talento de este compositor. Bastará sumar otros trabajos como Jérémiades (1995),  Shot and Echo (1992), y Only for Amused (1980). En todos, notará que en el aire queda flotando la intriga por definir aquello que seduce y desconcierta. La única respuesta será la peculiaridad de ser Wim Mertens.





domingo, 22 de marzo de 2020

Kraftwerk (1974).

Autobahn: La electrónica de la reconstrucción


De Gabriel Áyax Adán Axtle





A Sergio Colli, con quien descubrí mundos de sonidos fascinantes.



Año: 1974
Disquera: Kling Klang - EMI
Temas: 1) Autobahn. 2) Kometenmelodie 1. 3) Kometenmelodie 2. 4) Mitternacht. 5) Morgenspaziergang.

Dice Guillerme Apollinare que los artistas cumplen con la misión de restar monotonía a la realidad, y a su vez, conformar la identidad de la sociedad desde su época y su geografía. A partir de estas premisas se debe comprender el desarrollo de la música popular en la Alemania de la década de los 70, tanto por los riesgos estilísticos que corrieron sus artistas, como por su aparente falta de paralelismo con las expresiones culturales del resto del mundo, particularmente con los Estados Unidos e Inglaterra, que parecían invadir el mercado general del rock y sus derivados.

La tierra germana, poco después de la Segunda Guerra Mundial, tuvo que vivir un periodo de reconstrucción, desde diferentes aristas, complicado. Tal cargo estuvo en las manos de la juventud, quienes debieron levantar desde los escombros. El rostro que llevaría a Alemania a un nuevo reconocimiento cultural al exterior sería el producto del esfuerzo de los artistas, que en varios casos no serían aquellos que conformaron el mundo de la academia, por su relación estrecha con el partido Nazi en el pasado inmediato. Tal actividad titánica surgiría mayoritariamente de las expresiones populares, en manos de la juventud.

En ese panorama, el grupo de música electrónica, Kraftwerk, fue sin duda uno de los peldaños que haría que el mundo volteara a tierras germanas con admiración y fascinación. La imaginería de su discografía lograría apelar no sólo a la sensibilidad nacional, sino también a la exterior, y lo haría de la forma menos esperada. La música generada por sintetizadores, tan poco popular en el mundo, sería clave para mostrar un imaginario luminoso, que contrastaba dramáticamente con la realidad de un país con las cicatrices de la guerra a flor de piel, que se hallaba en reconstrucción; al mismo tiempo sería la llave de la nueva identidad alemana en el ámbito de la música popular, conformada por los ideales de la modernidad, pero también de la necesidad de recuperar una arcadia perdida en la historia.

Kraftwerk no fue la única agrupación que vio en la electrónica el espíritu de la juventud nueva, pero sí el primero que proyectó su obra más allá de su territorio y la popularizó, sin perder jamás su estatuto de arte alterno. El grupo construyó en una expresión cultural, elementos modernos alemanes que resarcían las heridas frente a los ojos internacionales. Por supuesto, la meta no se alcanzó de forma inmediata. Los destellos llegarían hasta el cuarto vinilo, y primero conceptual de la banda, Autobahn.

Los temas de la autopista y el volante, típicos en el rock americano, se trataban con un giro significativo. Los músicos le quitan protagonismo a los viajantes, para centrarlo en el viaje, el paisaje, pero sobretodo el medio mecánico. En esta diferencia se halla la fascinación por la tecnología, propia de los ideales modernos, pero con una carga de inocencia (no se lea ingenuidad) que no existía, por ejemplo, en las propuestas de los futuristas italianos. Al mismo tiempo, la instrumentación logra aquella armonía que evoca el viaje por una autopista ideal, en el que no importa el destino, tanto como la fascinación misma del camino. Esta descripción explica parte del impacto que el disco tendrá fuera de las tierras germanas. Justo cuando las ciudades viven procesos de expansión complejos,  exaustivos y algunas veces violentos, el paseo por las autopistas se vuelve un tópico representativo de la libertad, sin renunciar a las comodidades de las grandes civilizaciones.

En el plano meramente musical, hay que destacar que en Autobahn se reconocen elementos del pop. Apesar de eso, la estructura de la canción popular es casi sustituida en su totalidad por pasajes instrumentales, a veces melódicos, otras, ambientales. No debe olvidarse que los referentes musicales predominantes de la juventud alemana fueron en su mayoría composiciones clásicas, del mundo académico. Por esta misma causa, el contenido verbal es casi anulado. Mientras en la canción radiable la parte lírica tiene una carga sustancial y dramática, en el trabajo de Kraftwerk ésta se conforma de versos repetitivos, carentes de historia o descripción emocional, enunciados mecanicamente, robóticamente (tema central de las obras posteriores). Como agregado, el grupo renuncia a usar la música como instrumento autobiográfico. De esa forma da al sonido el protagonismo verdadero. Estas diferencias significaron la negación al sentimentalismo y a los facilismos del pop imperante en la música británica y estadounidense.

Sin embargo, esto no significa que se restara expresividad. En la música recae este compromiso con el escucha. El sonido amable y relajado de la mayor parte de las piezas, pero sobretodo en la que da título al disco, muestra una aparente simpleza. El escucha no debe olvidar que está frente a un álbum mayoritariamente sintético. Sin embargo, su sonido está lejos de asemejarse a las exploraciones electrónicas alemanas, ácidas y oscuras de Tangerine Dream o Klaus Schulze. Por el contrario, Kraftwerk logra piezas que ofrecen un rostro distinto, sin renunciar a los elementos que conforman la nueva identidad germana.

Debe destacarse la habilidad de los artistas para construir este efecto. Por una parte, los dos lados del vinilo se desarrollan como un todo congruente. Los tonos bucólicos de Autobahn tienen su verdadera culminación no en sus veinte minutos aproximados, sino en el cierre del álbum con las flautas matutinas de Morgenspaziergang. Se trata de un trabajo circular que busca evocar un viaje por autopista en el transcurso de las veinticuatro horas, captar el día y la noche desde el ángulo del conductor.

La música como género está negada a la figuración, pero cuenta con una fuerte capacidad para construir imágenes mentales, tanto como emociones. Kraftwerk no desperdicia estas posibilidades y utiliza diversos recursos para lograrlo: la repetición de motivos y temas, con la finalidad de hacer composiciones hipnóticas; uso de recursos electrónicos que, pese a su naturaleza sintética, logran percibirse orgánicos y cálidos; inserción de cintas con grabaciones de autos, motores y ambientaciones de caminos viales que remiten a la realidad moderna; y finalmente el uso limitado de instrumentos acústicos como la flauta, que dan equilibrio al sonido electrónico.

La placa fue aplaudida unánimemente y reconocida como la primera grabación en la música popular, hecha con tan solo instrumentos electrónicos. Esta declaración se explica por la popularidad que tuvo la obra, aunque no es del todo cierta: la inserción de flauta, guitarra y violín acústico es notaria en diversos pasajes del vinilo. Sin embargo, se cumpliría con el trabajo que vendría al año siguiente, Radio-Aktivität (1975). Entonces sí, la instrumentación fue meramente sintética.

El quinto disco representó un mayor riesgo, pero no logró la cohesión de su antecesor. De hecho, con Radio-Aktivität el grupo pretendía realizar un retorno a sus trabajos más abstractos como Ralf Und Florian (1973) para equilibrar así el sonido menos melódico y más ambiental, con el espíritu más popular. Sin embargo, el resultado se quedó a mitad del camino, y recordaba más a los trabajos previos a Autobahn, con la poca cohesión de los mismos . No sería sino hasta Trans-Europe Express (1977) que la banda lograría cosechar la siembra del disco de 1974.

Apenas unas décadas después del fin de la guerra, los integrantes de Kraftwerk usaron el arte como una reivindicación con la historia en la que era posible seguir creyendo en los avances tecnológicos, desde una visión humanista. Sus discos siguen fascinando hoy en día, pues aun cuando la electrónica usada ha sido superada hoy día, su sonido ha alcanzado un ideal atemporal.

La discografía que vino después de Autobahn, sin duda dio aliento regenerador a una Alemania herida, rescató el espíritu de la modernidad que el país requería para levantarse ante un mundo que cambiaba de forma cada vez más acelerada, y conformó el rostro distintivo de la cultura germana. Los pasos de Kraftwerk serían el punto de partida para músicos extranjeros posteriores que se rindieron abiertamente a sus propuestas. Los nombres son diversos (artistas como Brian Eno, Gary Numan, David Bowie, Iggy Pop, Lou Reed, y agrupaciones de la altura de New Order, Depeche Mode, entre otros). Las obras que inspiraron son admirables. Es por eso y más que la escucha atenta de esta banda debe ser obligada para aquellos que ven en la música y el arte un fenómeno revitalizador de cambio.





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