domingo, 22 de marzo de 2020

Kraftwerk (1974).

Autobahn: La electrónica de la reconstrucción


De Gabriel Áyax Adán Axtle





A Sergio Colli, con quien descubrí mundos de sonidos fascinantes.



Año: 1974
Disquera: Kling Klang - EMI
Temas: 1) Autobahn. 2) Kometenmelodie 1. 3) Kometenmelodie 2. 4) Mitternacht. 5) Morgenspaziergang.

Dice Guillerme Apollinare que los artistas cumplen con la misión de restar monotonía a la realidad, y a su vez, conformar la identidad de la sociedad desde su época y su geografía. A partir de estas premisas se debe comprender el desarrollo de la música popular en la Alemania de la década de los 70, tanto por los riesgos estilísticos que corrieron sus artistas, como por su aparente falta de paralelismo con las expresiones culturales del resto del mundo, particularmente con los Estados Unidos e Inglaterra, que parecían invadir el mercado general del rock y sus derivados.

La tierra germana, poco después de la Segunda Guerra Mundial, tuvo que vivir un periodo de reconstrucción, desde diferentes aristas, complicado. Tal cargo estuvo en las manos de la juventud, quienes debieron levantar desde los escombros. El rostro que llevaría a Alemania a un nuevo reconocimiento cultural al exterior sería el producto del esfuerzo de los artistas, que en varios casos no serían aquellos que conformaron el mundo de la academia, por su relación estrecha con el partido Nazi en el pasado inmediato. Tal actividad titánica surgiría mayoritariamente de las expresiones populares, en manos de la juventud.

En ese panorama, el grupo de música electrónica, Kraftwerk, fue sin duda uno de los peldaños que haría que el mundo volteara a tierras germanas con admiración y fascinación. La imaginería de su discografía lograría apelar no sólo a la sensibilidad nacional, sino también a la exterior, y lo haría de la forma menos esperada. La música generada por sintetizadores, tan poco popular en el mundo, sería clave para mostrar un imaginario luminoso, que contrastaba dramáticamente con la realidad de un país con las cicatrices de la guerra a flor de piel, que se hallaba en reconstrucción; al mismo tiempo sería la llave de la nueva identidad alemana en el ámbito de la música popular, conformada por los ideales de la modernidad, pero también de la necesidad de recuperar una arcadia perdida en la historia.

Kraftwerk no fue la única agrupación que vio en la electrónica el espíritu de la juventud nueva, pero sí el primero que proyectó su obra más allá de su territorio y la popularizó, sin perder jamás su estatuto de arte alterno. El grupo construyó en una expresión cultural, elementos modernos alemanes que resarcían las heridas frente a los ojos internacionales. Por supuesto, la meta no se alcanzó de forma inmediata. Los destellos llegarían hasta el cuarto vinilo, y primero conceptual de la banda, Autobahn.

Los temas de la autopista y el volante, típicos en el rock americano, se trataban con un giro significativo. Los músicos le quitan protagonismo a los viajantes, para centrarlo en el viaje, el paisaje, pero sobretodo el medio mecánico. En esta diferencia se halla la fascinación por la tecnología, propia de los ideales modernos, pero con una carga de inocencia (no se lea ingenuidad) que no existía, por ejemplo, en las propuestas de los futuristas italianos. Al mismo tiempo, la instrumentación logra aquella armonía que evoca el viaje por una autopista ideal, en el que no importa el destino, tanto como la fascinación misma del camino. Esta descripción explica parte del impacto que el disco tendrá fuera de las tierras germanas. Justo cuando las ciudades viven procesos de expansión complejos,  exaustivos y algunas veces violentos, el paseo por las autopistas se vuelve un tópico representativo de la libertad, sin renunciar a las comodidades de las grandes civilizaciones.

En el plano meramente musical, hay que destacar que en Autobahn se reconocen elementos del pop. Apesar de eso, la estructura de la canción popular es casi sustituida en su totalidad por pasajes instrumentales, a veces melódicos, otras, ambientales. No debe olvidarse que los referentes musicales predominantes de la juventud alemana fueron en su mayoría composiciones clásicas, del mundo académico. Por esta misma causa, el contenido verbal es casi anulado. Mientras en la canción radiable la parte lírica tiene una carga sustancial y dramática, en el trabajo de Kraftwerk ésta se conforma de versos repetitivos, carentes de historia o descripción emocional, enunciados mecanicamente, robóticamente (tema central de las obras posteriores). Como agregado, el grupo renuncia a usar la música como instrumento autobiográfico. De esa forma da al sonido el protagonismo verdadero. Estas diferencias significaron la negación al sentimentalismo y a los facilismos del pop imperante en la música británica y estadounidense.

Sin embargo, esto no significa que se restara expresividad. En la música recae este compromiso con el escucha. El sonido amable y relajado de la mayor parte de las piezas, pero sobretodo en la que da título al disco, muestra una aparente simpleza. El escucha no debe olvidar que está frente a un álbum mayoritariamente sintético. Sin embargo, su sonido está lejos de asemejarse a las exploraciones electrónicas alemanas, ácidas y oscuras de Tangerine Dream o Klaus Schulze. Por el contrario, Kraftwerk logra piezas que ofrecen un rostro distinto, sin renunciar a los elementos que conforman la nueva identidad germana.

Debe destacarse la habilidad de los artistas para construir este efecto. Por una parte, los dos lados del vinilo se desarrollan como un todo congruente. Los tonos bucólicos de Autobahn tienen su verdadera culminación no en sus veinte minutos aproximados, sino en el cierre del álbum con las flautas matutinas de Morgenspaziergang. Se trata de un trabajo circular que busca evocar un viaje por autopista en el transcurso de las veinticuatro horas, captar el día y la noche desde el ángulo del conductor.

La música como género está negada a la figuración, pero cuenta con una fuerte capacidad para construir imágenes mentales, tanto como emociones. Kraftwerk no desperdicia estas posibilidades y utiliza diversos recursos para lograrlo: la repetición de motivos y temas, con la finalidad de hacer composiciones hipnóticas; uso de recursos electrónicos que, pese a su naturaleza sintética, logran percibirse orgánicos y cálidos; inserción de cintas con grabaciones de autos, motores y ambientaciones de caminos viales que remiten a la realidad moderna; y finalmente el uso limitado de instrumentos acústicos como la flauta, que dan equilibrio al sonido electrónico.

La placa fue aplaudida unánimemente y reconocida como la primera grabación en la música popular, hecha con tan solo instrumentos electrónicos. Esta declaración se explica por la popularidad que tuvo la obra, aunque no es del todo cierta: la inserción de flauta, guitarra y violín acústico es notaria en diversos pasajes del vinilo. Sin embargo, se cumpliría con el trabajo que vendría al año siguiente, Radio-Aktivität (1975). Entonces sí, la instrumentación fue meramente sintética.

El quinto disco representó un mayor riesgo, pero no logró la cohesión de su antecesor. De hecho, con Radio-Aktivität el grupo pretendía realizar un retorno a sus trabajos más abstractos como Ralf Und Florian (1973) para equilibrar así el sonido menos melódico y más ambiental, con el espíritu más popular. Sin embargo, el resultado se quedó a mitad del camino, y recordaba más a los trabajos previos a Autobahn, con la poca cohesión de los mismos . No sería sino hasta Trans-Europe Express (1977) que la banda lograría cosechar la siembra del disco de 1974.

Apenas unas décadas después del fin de la guerra, los integrantes de Kraftwerk usaron el arte como una reivindicación con la historia en la que era posible seguir creyendo en los avances tecnológicos, desde una visión humanista. Sus discos siguen fascinando hoy en día, pues aun cuando la electrónica usada ha sido superada hoy día, su sonido ha alcanzado un ideal atemporal.

La discografía que vino después de Autobahn, sin duda dio aliento regenerador a una Alemania herida, rescató el espíritu de la modernidad que el país requería para levantarse ante un mundo que cambiaba de forma cada vez más acelerada, y conformó el rostro distintivo de la cultura germana. Los pasos de Kraftwerk serían el punto de partida para músicos extranjeros posteriores que se rindieron abiertamente a sus propuestas. Los nombres son diversos (artistas como Brian Eno, Gary Numan, David Bowie, Iggy Pop, Lou Reed, y agrupaciones de la altura de New Order, Depeche Mode, entre otros). Las obras que inspiraron son admirables. Es por eso y más que la escucha atenta de esta banda debe ser obligada para aquellos que ven en la música y el arte un fenómeno revitalizador de cambio.





John & Yoko / Plastic Ono Band (1972)


Sometime in New York City: Ono en bambalinas.



De Gabriel Áyax Adán Axtle






Año: 1972
Disquera: Apple Records
Temas: 1) Woman Is the Nigger of the World. 2) Sisters, O Sisters. 3) Attica State. 4) Born in a Prison. 5) New York City. 6) Sunday, Bloody Sunday. 7) The Luck of the Irish. 8) John Sinclair. 9) Angela. 10) Were All Water. 11) Cold Turkey. 12) Dont Worry Kyoko. 13) Well (Baby Please Dont Go). 14) Jamrag. 15) Scumbag. 16) Au.


Cuando el paso del tiempo ha ofrecido a un individuo la popularidad necesaria para ser perdonado de sus falencias, el público y la publicidad construyen hipérboles lejanas a la verdad. Éstas distancian la apreciación de las obras, y llevan al receptor a rincones de menor importancia. Los personajes del rock han sido víctimas de esto, y por tanto sus obras tratadas de forma acrítica, a su favor o en contra.

John Lennon no es la excepción. Su figura ha sido engrandecida, y ha ensombrecido la participación de la tan repudiada Yoko Ono. Así entonces, se olvida que los discos más emblemáticos del artista de Liverpool no fueron concebidos como trabajos solistas, sino como el resultado de la cambiante formación Plastic Ono Band, en la que las constantes básicas son Lennon y Ono. Tal detalle podría sonar intranscendental si no fuera porque alrededor de esos discos se han generado comentarios en los que se aplaude la creatividad musical del ex-Beatle, demeritando sin dudarlo toda intervención de la artista conceptual japonesa. 

De igual forma, el tiempo ha afianzado otra falacia: en las placas atribuidas a Lennon se halla la manifestación de un hombre a quien se le señala como ideólogo de una época, olvidando que el ente medular de su trabajo (desde discos como White Album de 1968, grabado todavía con su banda de origen, hasta sus composiciones solistas como Plastic Ono Band e Imagine, de 1970 y 1971 respectivamente) es, pese a quien le pese, su esposa.

Es en la mancuerna que se gestan discos que de otra forma no hubiesen explorado los terrenos que hoy conocemos, y que alcanzan las manifestaciones radicales señaladas como productos de una sola mente. Tal es el caso del que quizá sea uno de los discos más polémicos en la carrera de la Plastic Ono Band, el Sometime in New York City. Su contenido político (y un tanto cuestionable y contradictorio, habrá que señalar) ha opacado la gracia de su fuerza musical; de igual forma, la participación abierta que Yoko Ono tiene en la placa, en contraparte con los discos previos en los que existía como un ente omnipresente, provocó una respuesta de rechazo casi inmediata al vinilo doble.

Desde las premisas anteriores, se ha desacreditado un disco meritorio de una escucha atenta en la que pesen los intereses meramente musicales, tanto como su trascendencia. Así entonces se puede comenzar por señalar aquello que ha de ensombrecer el acercamiento.

El primer aspecto al que se debe renunciar sería el contenido meramente lírico. Henri Lefébvre señala que el énfasis que las ideas de la obra hacen en la referencia a su propio periodo histórico son una arma de doble filo que, en su afán por conformar un trabajo actual o moderno lo estigmatizan con el señalamiento de la caducidad. Desde este ángulo, se debe reconocer que Sometime in New York City es un disco caduco en su contenido letrístico. Aun cuando algunas de las problemáticas tratadas siguen estando en boga, las perspectivas ideológicas que Lennon y Ono proponen han cambiado el ángulo desde donde se debaten ahora. A pesar de eso, los escuchas que se acercan a la placa disfrutan la obra. Lo que enfatiza, que su importancia no radica en los ideales expresados.

El segundo lineamiento al que se debe renunciar puede resultar obvio y no por eso ha de dejarse fuera de la mesa. Las preferencias individuales, siempre cambiantes y divergentes entre un escucha y otro, son espectros que, como un filtro en el lente de una cámara distorsionan el enfoque. Hiperbolizar el papel de The Beatles en la cultura popular, así como la injerencia que Yoko tuvo en la vida de Lennon y en el destino de su agrupación es una actividad que polariza entre culpables y santos. Desde ahí se magnifican las habilidades musicales de quien en realidad no era ni por asomo un maestro de instrumento alguno, tanto como se desacreditan las aportaciones artísticas de quien formaba parte del mundo del arte y conoce el impacto y la construcción de las vanguardias.

Con lo anterior no pretendo restar valor a John Lennon, como tampoco elaborar una apología a Yoko Ono. El primero, contradictorio y salvaje, contaba con el ingenio para traducir ideas en piezas cautivantes. La segunda, con la habilidad de dirigir a su contraparte por campos de ruptura, sembraba ideología, pero también formas que se transformarían en música novedosa. En esta unión funcionan los resultados de Plastic Ono Band. En ese equilibrio, los dos son responsables de lo que se escucha en los discos resultantes.

Dicho lo anterior, se debe centrar la atención en lo meramente musical. En Sometime in New York City hay una propuesta que renuncia al sentimentalismo de los discos anteriores para potenciar el espíritu del rock: transgresión, rebeldía, violencia e irreverencia forman parte de un todo, que va de la balada Angela, a los jams ácidos e indigestos que conforman la mayor parte del segundo vinilo, como Scumbag y Au. Las piezas son contundentes y optan, en su mayoría por un sonido crudo (como excepción está la bien intencionada The Luck of the Irish). Lennon y Ono componen una obra en la que el género engalana muchos de los sitios a los que habría de llegar en periodos póstumos. Así, la inicial Woman Is the Nigger of the World marca la pauta del resto de la placa, en la que la mancuerna parece augurar algunas veces la actitud del punk, en otras su sonido. Aquí hay canciones que toman la misma tónica como son John Sinclair y Sunday, Bloody Sunday, anárquicas incluso en su construcción misma. Otras piezas que auguran la música de tiempos postreros son Sister, O Sister y Were All Water, pues parecen señalar la dirección que tomará el pop japonés en los tiempos presentes, así como la alternancia de agrupaciones europeas y americanas del talle de Sonic Youth.

La co-producción está a cargo del polémico Phil Spector. La pared de sonido, sello distintivo de su mano, se hace notar en los cortes menos duros, aunque son los menos, por lo que no suaviza el carácter de las partes más transgresoras del disco, en las que Lennon como Ono destilan furia traducida, más que en canto, en grito.

El segundo vinilo, resulta aun más subversivo, y se debiera escuchar con cierto humor. Las dos primeras piezas son una muestra de los conciertos descarnados que la pareja realiza en aquel periodo. Tanto Cold Turkey y Dont Worry Kyoko son interpretadas sin concesiones al sentimentalismo. Las cuatro pistas restantes forman parte de un concierto en el que la Plastic Ono Band, junto con Franz Zappa y su agrupación Mothers of Invention construyen una improvisación provocadora e irreverente.

Vale la pena ver en Sometime in New York City sus logros, sin aprensiones innecesarias. Así será más probable encontrar el goce estético. Hay quien se empeña en señalar este trabajo como un fallo en el que Lennon cede la dirección artística a Ono, sin reconocer que desde trabajos anteriores la actividad creativa ha sido permeada  por las inquietudes de ésta.

Sin embargo, hay un atributo que destaca y muchos olvidan: este doble vinilo regresa a los cauces del rock a un artista que se perdía en composiciones francamente débiles como Imagine, y le devuelve el espíritu salvaje que yace desde los orígenes del género. Luego vendrían otros discos en los que Lennon vuelve a caminar atrás para estancarse en melodías edulcoradas y sobreproducidas por el cuestionable Phil Spector. Pero esa historia está lejos del que quizá sea el trabajo más duro y consistente de la mancuerna Lennon-Ono,  junto con el, aunque emocional y delicado, Plastic Ono Band (1970).







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